Manifiesto firmado por 2638 catedráticos, profesores e investigadores de universidades españolas y europeas. Abajo aparece la lista de firmantes de este manifiesto en la Universidad de Murcia.
¿QUÉ EDUCACIÓN SUPERIOR EUROPEA?
MANIFIESTO DE PROFESORES E INVESTIGADORES UNIVERSITARIOS
Los abajo firmantes, catedráticos, profesores titulares, profesores contratados, investigadores y becarios de investigación de diversas universidades de la Unión Europea, en tanto que responsables ante la sociedad de diferentes campos de conocimiento (si bien a título personal y no en representación de nuestras respectivas instituciones), deseamos manifestar públicamente nuestra preocupación ante la orientación que el proceso de construcción de un Espacio Europeo de Educación Superior está adoptando en lo que a las reformas de las estructuras educativas se refiere, así como a la noción misma de universidad y de su papel en la educación superior. Conscientes como los que más de la necesidad de transformaciones profundas que contribuyan a su mejora, no por ello dejamos de advertir la necesidad de un debate público en el que puedan someterse a crítica algunos aspectos de especial relevancia.
Nos preocupa que las transformaciones de la universidad se planeen sin el indispensable debate público o que en este debate las numerosas voces que han de intervenir en él no dejen escuchar las opiniones de profesores y estudiantes universitarios.
Nos preocupa que, so pretexto de que la universidad debe estar al servicio de la sociedad, lo que nadie niega, proliferen las agencias e instituciones extrauniversitarias, que dominadas por el poder político de turno o por poderosos grupos de presión dirijan la política intrauniversitaria.
Nos preocupa que, con el argumento de que la universidad debe atender a las demandas sociales, haciendo una interpretación claramente reduccionista de qué sea la sociedad, en realidad se ponga a la universidad al exclusivo servicio de la empresas y se atienda únicamente a la formación de los profesionales solicitados por éstas.
Nos preocupa que de manera expresa se menosprecien otro tipo de demandas sociales de no menor importancia, desligadas de intereses mercantiles y directamente relacionadas con objetivos perseguidos por una parte del alumnado universitario como son la adquisición de una sólida formación teórica en una determinada especialidad científica o humanística, o el cultivo de muy diversas artes y saberes, todo lo cual constituye una parte del patrimonio cultural europeo digno de ser preservado y transmitido.
Nos preocupa que los cambios no sean respetuosos con la idiosincrasia de cada uno de los estudios universitarios y se aplique un modelo único para todas las titulaciones en el que domine casi por completo la profesionalización en el marco de una concepción claramente utilitarista del conocimiento. En particular nos preocupa que los criterios de la llamada “evaluación de la calidad” se conviertan en rígidos moldes que pongan fin a la necesaria diversidad de los estudios universitarios.
Nos preocupa que, anegados en la denominada por algunos “cultura de la calidad”, termine gestionándose la universidad al modo de una empresa, lo que de hecho implica concebirla como un negocio del sector de servicios, al tiempo que el conocimiento se convierte en una mercancía y los alumnos en clientes.
Nos preocupa que ciertos “expertos” en educación universitaria hayan convenido que la adaptación de los estudiantes al mercado de trabajo sea la única finalidad de la formación universitaria y deba traducirse en la adquisición de “habilidades, destrezas y competencias”, lo que de hecho supone un vaciamiento de contenidos enmascarado en un nuevo lenguaje de origen extra-académico. Muy especialmente nos preocupa que nuestras autoridades académicas hayan comenzado a hablar de la adquisición de conocimiento como el “elemento limitante”, a modo de un viejo traje del que cuanto antes convendría despojarse.
Nos preocupa que entre los no explicitados objetivos del nuevo auge que estos supuestos “expertos” en educación han decidido conceder a las mencionadas competencias, habilidades y destrezas en detrimento de los conocimientos propios de cada disciplina, figure, al menos en el caso específicamente español, el deseo de abordar por la puerta falsa el problema del fracaso escolar de los estudiantes derivado a su vez de la inadecuada formación con la que acceden a la universidad y que ha llevado a muchas facultades a tener que crear grupos cero con el fin de paliar dicho problema.
Nos preocupa que, en este contexto y bajo el lema "de la enseñanza al aprendizaje", la necesidad de reflexión pedagógica, imprescindible para la mejora de la enseñanza universitaria, se convierta en el pretexto para otorgar a una particular disciplina académica, la psicopedagogía, la función de marcar la pauta en las demás. Y que semejante transformación no desemboque en otra cosa que en un aumento desmesurado del trabajo burocrático del profesor (programación, temporalización, fichas, guías docentes), que merme sus energías sin aumentar la calidad de su docencia. A la vista de lo sucedido con la enseñanza secundaria, en el caso español esto resulta especialmente alarmante.
Nos preocupa que caminemos hacia una Universidad cuyo profesorado no va a ser valorado fundamentalmente por sus méritos docentes e investigadores, sino por su capacidad de adaptación a las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC) y a la pedagogía del “aprender a aprender”, y por tanto a una Universidad definida por la menor exigencia de cualificación de sus investigadores y docentes (lo que, desde luego, permite abaratar sus costes).
Nos preocupa que no se afronte la reforma universitaria con un estudio serio de las necesidades económicas (posible aumento de plantilla, remodelación de edificios, nuevos equipamientos), sin lo cual está condenada al fracaso. Ello, a su vez, se relaciona con la pretensión de que la actual reforma educativa se lleve a cabo sin una financiación estatal incrementada (“coste cero”).
Nos preocupa más específicamente que los vientos políticos corran en la dirección de reducir el peso económico del sector estatal en la educación, así como de condicionar la financiación pública a la previa obtención de financiación privada (eufemísticamente denominada “externa”), hasta el punto de llegar a convertir esta exigencia en un sorprendente requisito de calidad (tal y como ha sucedido con las menciones de calidad de los programas de doctorado). Así, como resultado de un nuevo sistema de financiación universitaria, nos preocupa que las universidades se vean abocadas a concebir su propia labor como la exclusiva producción de aquellas mercancías por las que las empresas estén dispuestas a pagar.
Nos preocupa que se acentúen las diferencias sociales en el acceso a la educación superior: tememos sobre todo que, en la mayoría de las universidades, los títulos de grado acabarán significando tan sólo un mero “pase” al mundo laboral, mientras que los títulos de posgrado, los que verdaderamente van a introducir la diferencia en punto a la cualificación, se convierten en un negocio.
Nos preocupa que la formación continua y la flexibilidad curricular de profesores y alumnos, propiciadas por la reforma, constituyan la ocasión y la excusa para una educación superior menos cualificada en la que, de hecho, se contribuya a formar futuros asalariados en peores condiciones laborales y sometidos a la extrema movilidad por territorio europeo que exijan los empleadores.
Nos preocupa, en fin, que la comunidad universitaria no exija ser escuchada, optando por el “sálvese quien pueda” o, como denuncia la Universidad de París 8, por el “cada uno para sí y el mercado para todos”. Lo que está en juego es el futuro de la educación superior en el seno del Estado Social de Derecho.
-Alfonso García. Filosofía.
-Ángel Fernández. Matemáticas.
-Antonino Gonzáles. Historia.
-Antonio Campillo. Filosofía.
-Antono González. Historia.
-Arturo Díaz. Educación.
-Cesáreo Gutierrez. Derecho.
-Eduardo Bello. Filosofía.
-Emilio Cuevas. Química.
-Emilio Martínez. Filosofía.
-Eugenio Moya. Filosofía.
-Francisca Pérez. Filosofía.
-Isidro Verdú. Informática.
-Jerónima Vicente. Biología.
-Jesús Molina. Educación.
-Jesús Ruiz. Física.
-Joaquín Martínez. Filología inglesa.
-José Antonio Ibañez. Física.
-José Antonio Oller. Física.
-Jose Jesús Vicente. Química.
-Juan Andreu. Historia.
-Juan Camilo Conde. Filología inglesa.
-Juan Carlos León. Filosofía.
-Juan Guerra. Bilogía.
-Laura Morales. Ciencia Política.
-Lucía Provencio. Historia.
-Manuel Hernández. Filosofía.
-María Adelaida Hernández. Informática.
-Pascual Cantos. Filología inglesa.
-Rafael Chicón. Física.
-U. Dagmar. Filología inglesa.
-Victoria Aguilar. Árabe.
Como estudiante universitario de nuestra muy mediocre universidad, no siento ningún temor a que ésta desaparezca de raíz, junto a toda su mediocre e irrelevante mundialmente comunidad científica. Las necesidades de la sociedad también son las de los empresarios. Es un error pensar que son los únicos portavoces de la sociedad, pero también pensar que no lo son en absoluto. Nuestro mercado laboral no necesita más parados de lujo, ni más profesores gandules e incompetentes que, agazapados en sus feudos, no son controlados ni evaluados en su carísima e importantísima labor.
La universidad española es mediocre: los alumnos cada día están peor preparados y tienen menos ilusión y ganas por aprender; el profesorado es acomodaticio, sectario, dogmático y autista; la financiación es raquítica y la relación con el tejido productivo insuficiente.
La reforma de Bolonia pretende hacer una formación más abierta y práctica, ques e incremente el gasto para hacer de Europa una sociedad del conocimiento, que haya libre movilidad entre todos los universitarios europeos, que licenciado deje de ser equivalente a inútil o parado de larga duración y que la universidad salga de su torre de cristal y atienda a los intereses de quien la sustenta, los trabajadores europeos.
Como antiguo estudiante de filología de la Universidad de Murcia, ya me hubiera gustado ver a más de un profesor modernizarse didácticamente, aunque fuera bajo coacción, y ser examinado y reprendido si no cumplía sus funciones. También me hubiera gustado que algunas orondas barrigas de mi facultad hubieran visto su sustento amenazado si no hubieran trabajado con un mínimo rigor, si no se renovaban o si desatendían sistemáticamente sus funciones, como sucede hoy sin sanción alguna posible. La Universidad española está podrida y es tan útil a nuestra sociedad como un abrigo en el desierto. Sobran más filólogos e historiadores malformados saturando las convocatorias de empleo público sin otra salida que ser funcionario o camarero. Los ilustres profesores firmantes no creo que sepan lo que es eso, un servidor sí. Como tampoco creo que el mundo gire en torno a nosotros, quizá sería bueno que abriéramos los ojos y le preguntáramos a nuestra sociedad, que pacientemente nos sostiene, cuáles son sus necesidades y qué demanda de nosotros.
Si, sólo los criterios del mercado mejorarán la Universidad, porque de lo que es de rentabilizarla. Y sólo la precarización del profesorado hará que éstos se esfuercen y mejoren diariamente.
Y la competitividad nos dará una élite rectora con la que nuestro país progresará, aunque por el camino tengan que ser sacrificados muchos estudiantes mediocres. Eso de la universalidad de los servicios públicos es un lastre para los estudiantes aventajados que tenemos que competir en muchos puestos con mediocres titulados, que nunca deberían tener el mismo status.
Y para seguir leyendo chorradas liberales;
www.libertaddigital.com
Los que aquí escribimos la primera opinión discordante dentro de este carnaval ultraconservador e inmovilista no nos sentimos cncernidos en absoluto por la esperpéntica publicación referida.
Vosotros, que os consideráis de izquierda, defendéis a unos trabajadores oprimidos como son los profesores universitarios españoles, equiparables en salario, condiciones laborales y satisfacción profesional a un camarero ecuatoriano con contrato temporal. ¡Pobres! Debéis entender por precariedad que a unos señores sotenidos por el erario público se les exijan meritos, resultados y que den cuenta de su trabajo, como nos sucede a todos los que trabajamos, según nuestras responsabilidades. A ninguno nos gustaría que nos estallara en la cara una tubería recién reparada por un fontanero negligente o incompetente, pero tiene vía libre esos señores que conforman una clase feudal intocable de mandarines, que administra la universidad como si fuera un cortijo, que vive de espaldas a la sociedad que los alimenta como los sabios de la Isla de Laputa y que puede dedicarse a vegetar o corromper los puestos que ocupan (la endogamia) sin miedo a sanciones.
Para precariedad la tuya, amigo. O debería decir la nuestra. Porque hoy gracias a esos señores y a esa estructura que defendéis, vas a estar hasta los treinta en casa de tus papás, porque no importara lo listo que seas ni lo mucho que hayas trabajado (esas mierdas de los liberales) sino las perras que tenga tu padre o las relaciones que te hayas labrado en la universidad ( para trabajar en ellas) o fuera de ella ( para trabajar en empresas). La actual estructura universitaria consagra la felación como única via de acceso. Es decir, que la estructura que defendéis es la que mantiene el "status quo" de los poderosos al inhabilitar y banalizar (que no universalizar) la única vía de promoción social de los que no poseen poder ni capital: la educación. Que los empresarios son unos vampiros no me los vas a descubrir tú, ¿dónde te crees que trabajo? ¿En Suecia? ¿Sabéis en qué mundo vivís?
¿Qué soluciones proponéis? Porque a lo de aumentar el presupuesto yo también me apunto. Ahora, ¿qué queréis hacer con ese dinero? ¿Invertirlo en qué? ¿Qué concepto de calidad tenéis? ¿Qué significa para vosotros servir a la sociedad? ¿Cuál es el papel de la universidad hoy? ¿Qué relación debe tener la universidad con el aparato productivo? En vez de enfrentarnos a todos en nombre de todos, debiéramos ver de qué forma podemos colaborar para salir todos beneficiados, establecer un pacto social. No son los mandarines universitarios los que deben ser protegidos, sino los estudiantes e investigadores. Debe inculcarse una cultura del trabajo, de la responsabilidad, del ansia de saber. De nada vale una universidad como la que ahora tenemos, esa escuela de funcionarios que nadie sabe exactamente qué saben hacer, ni siquiera ellos mismos ¿Alguna vez has probado a preguntarle a un antropólogo o licenciado en filosofía exactamente a qué se dedica? Conste que esto lo dicen quienes han estudiado y desean seguir estudiando humanidades.
No les salvo la cara tampoco a los empresarios; los nuestros destacan por su particular ignorancia, desprecio hacia la inversión y el riesgo, irresponsabilidad social, miopía y avaricia. Pero la solución no es ignorarlos. La universidad debe proveer de las herramientas intelectuales que renueven esa clase productiva, que renueven nuestra sociedad, que la hagan mejor y más justa. Ciertamente, nuestra clase dirigente y económica es mediocre y depredadora, pero eso no le resta razón a sus críticas. En suma, tenemos un fracaso colectivo dle que nadie quiere hacerse responsable. Que sean los elementos renovadores de uno y otro lado, como los visionarios de los estamentos gobernantes durante la Revolución Francesa, que fueron capaces de abandonar la corriente dominante de sus cargos para unirse a la corrientedela libertad y la renovación. Podemos, como esas antiguas élites, defender privilegios inmerecidos y enrocarnos en el inmovilismo o podemos encajar el envite de aceptar que las cosas deben progresar y mejorar.
Yo personalmente critico este proceso como estudiante y quiero movilizar y organizar a los estudiantes. Yo no defiendo a vagos, es precisamente porque defiendo un trabajo con derechos por lo que también exijo deberes.
Y quiero que la Universidad siga siendo un servicio, no un negocio. La eventualidad en los puestos de trabajo, la precariedad…son criterios para aumentar el rendimiento del capital, no la calidad de un servicio universal. En la Universidad hay profesores que se esfuerzan más o menos, otros que tienen una total dedicación y a otros que no les importa nada. Es el mismo caso que los funcionarios en general y entonces qué hacemos ¿privatizamos también la administración pública? ¿la sanidad tal vez?
Lo que se tiene que desarrollar son mecanismos efectivos para garantizar la calidad de los servicios y controlar la dejadez laboral, pero en la Universidad, en la Administración y en la Sanidad.
Algunas propuestas sin que sea necesaria una mercantilización, sino que al contrario exigieran una mejora de la gestión pública y la participación de profesores y alumnos serían:
-Inspecciones de trabajo habituales.
-Evaluación cada cuatrimestre por parte de los alumnos de la docencia impartida por el profesor.
-Formación continúa de los profesores como un freno al desmotivamiento, alternar períodos de clase con períodos de investigación. Estancia en otras Universidades.
-Responsabilidades de dirección rotativas en la facultad.
Y esta entrada en tromba de la precariedad que supone Bolonia no va a afectar tampoco a todos los profesores por igual. En Madrid por ejemplo, Profesores por el Conocimiento apuntan que la precarización no se va a producir entre los catedráticos sino entre los becarios y profesores asociados que van a hacer el trabajo sucio de la tutorización, mientras los otros imparten clases magistrales y cursos de Máster. En cualquier caso, son ellos los que deben comenzar a organizarse.
Nosotros ya tenemos bastante con lo nuestro. Y es cierto que al fin y al cabo la Universidad no es sino una fase en la cualificación de la fuerza de trabajo para luego venderla en el mercado a un costo mayor. Estoy de acuerdo. Pero al igual que como una persona de izquierdas lucho contra un mercado laboral desregularizado, precarizado y que erosiona nuestros derechos, tampoco puedo aceptar que la Universidad se amolde a él sin criticarlo. Es necesario ir haciendo análisis más amplios que integren la lucha estudiantil en la lucha más general contra la sociedad precaria y neoliberal, como están haciendo en Francia.
Pero no se trata de lamentarse, y oponerse a todo sino de plantar cara. A nivel estatal el movimiento se está reactivando, hace dos fines de semana en Valladolid nos juntamos 13 asociaciones estudiantiles de todo el Estado, yo soy de AEIOU y también estuvo ahí. Y tenemos propuestas, que se resumen en 14 puntos:
+ Universalización del acceso.
Creemos que para garantizar un acceso universal a la educación superior es necesario impulsar una serie de medidas económicas y de otro orden, medidas.
Exigimos:
1. Congelación de tasas universitarias. Implantación de un sistema de tasas progresivo tendente a la eliminación de las mismas.
2. Sistema de becas que cubra como mínimo al 40% del estudiantado.
3. Revisión de los criterios de concesión en la que los criterios de renta primen sobre los criterios académicos. Persecución del fraude.
4. Acceso universal a los cursos de postgrado. Tantas plazas como estudiantes solicitantes.
+ Democracia en las Universidades.
En la actualidad la mayoría de las decisiones que afectan a la vida de los miembros de la comunidad universitaria se toman en espacios y órganos.
Exigimos:
5. Ningún sector tendrá más del 49% de representación en ningún órgano.
6. La representación estudiantil será de la menos el 30%.
7. El 100% de los miembros con voz y voto del Consejo de Gobierno serán elegidos por el Claustro Universitario y funcionara como una Permanente de dicho órgano.
8. El Consejo Social no podrá estar compuesto por entidades con ánimo de lucro y no tendrá capacidad de veto.
9. Las empresas privadas que imparten docencia sólo tendrán voz en el Consejo de Coordinación Universitaria en aquellas cuestiones que les atañan.
+ Universidad para la difusión del conocimiento y el desarrollo social.
Es necesario que la Universidad, para poder desarrollar su función social de manera eficaz, provea al estudiantado de conocimientos. Para ello es necesario que a la Universidad se llegue habiendo adquirido previamente las habilidades, capacidades y destrezas especialmente durante la enseñanza primaria y en menor modo en la secundaria.
Por ello exigimos:
10. No existirá ningún título oficial privado (excepto los de Teología) sin que exista título oficial público.
11. Enseñanza de lenguas extranjeras a los mismo precios que los créditos ordinarios.
12. Todos los ámbitos del saber estarán recogidos en el Catálogo de Grado.
13. Serán criterios académicos, científicos y de interés público los que determinen la configuración de los cursos de postgrado.
+ Universidad Pública, servicio público.
En la actualidad muchos de los servicios que se prestan en las Universidades Públicas están gestionados de manera privada. Por otro lado las políticas macroeconómicas de ahorro presupuestario conllevan la precarización del profesorado sometido a varias categorías salariales a diversos modelos de contratación.
14. Gestión pública de los servicios internos de las Universidades públicas.
Menos lamentarse y a trabajar. Un saludo.
¡NO A BOLONIA!
EDUCACIÓN PÚBLICA Y DE CALIDAD, NO EDUCACIÓN EN LA MANO DEL GRAN EMPRESARIO.
VA A CONVERGER SU TÍA!
JUNT@S CONTRA EL ESPACIO EUROPEO DE EDUCACIÓN SUPERIOR (EEES) QUE NOS QUIEREN IMPONER.
Louis Vuitton Bags ReplicaFake Gucci HandbagsReplica Roger Dubuis Watches